La carrera de la IA ha llegado a la red eléctrica

Los centros de datos pueden llenarse de chips mucho antes de que la infraestructura necesaria para alimentarlos esté preparada. El nuevo cuello de botella no es solo conseguir electricidad, sino acceder a cientos de megavatios en el lugar adecuado y sin esperar años.


Escucha el resumen

Las claves de esta historia en 1:41 min

Resumen generado con IA y revisado por WHAT FOLLOWS.

Vista aérea de generadores de respaldo y equipos eléctricos junto a un centro de datos en Mesa, Arizona.
Foto: Rsparks3 / Wikimedia Commons. CC0 1.0.

Un centro de datos puede financiarse, construirse y llenarse de procesadores mucho antes de que la red eléctrica esté preparada para conectarlo.

Ese desfase empieza a importar en la carrera de la inteligencia artificial.

En algunos de los grandes mercados europeos de centros de datos, una nueva conexión puede tardar entre siete y diez años. No porque Europa se esté quedando sin electricidad, sino porque suministrar una gran cantidad de potencia de forma continua en un punto concreto exige líneas, subestaciones, transformadores, permisos y capacidad disponible en la red local.

La computación avanza a una velocidad. La infraestructura que la sostiene, a otra.

Hasta hace poco, la conversación sobre los límites físicos de la IA giraba sobre todo alrededor de los chips: quién conseguía las GPU más avanzadas, quién podía fabricarlas y cuántas podían agruparse para entrenar modelos mayores.

La electricidad permanecía en segundo plano.

Está dejando de hacerlo.

El crecimiento digital empieza a verse en la red

En 2025, el consumo eléctrico mundial de los centros de datos aumentó un 17% respecto al año anterior, según la Agencia Internacional de la Energía. Los centros específicamente orientados a IA crecieron todavía más deprisa.

La distinción importa: no todo centro de datos sirve principalmente cargas de inteligencia artificial y no todo el crecimiento del sector puede atribuirse a ella. Pero la IA es ya uno de los motores que empujan la demanda.

En Europa, Ember estima que los centros de datos consumieron unos 96 TWh de electricidad en 2024 en una región que su informe define como la UE-27 más Reino Unido, Noruega y Suiza. Eso equivaldría aproximadamente al 3% de la demanda eléctrica de esa geografía.

El mismo estudio proyecta 168 TWh en 2030 y 236 TWh en 2035, aunque advierte de la incertidumbre: dependerá de la eficiencia del hardware y el software, del crecimiento del sector y de cuánto pueda construirse.

Son estimaciones y proyecciones, no electricidad ya consumida ni capacidad ya instalada.

La Comisión Europea utiliza otra métrica. Calcula que los centros de datos representan actualmente alrededor del 2,5% del consumo eléctrico de la UE y prevé que su capacidad instalada pase de aproximadamente 12 GW en 2025 a unos 28 GW en 2030.

Aquí no hablamos de energía consumida durante un año, sino de potencia: de la carga que puede concentrarse en un momento determinado.

Y ahí aparece el verdadero problema físico.

Una red puede disponer de energía suficiente a escala nacional y, al mismo tiempo, no tener capacidad para entregar varios cientos de megavatios adicionales en un nodo concreto.

La IA está llevando una parte del mercado precisamente hacia ahí.

Cuando un centro de datos empieza a parecerse a una fábrica

Los grandes clústeres destinados a entrenar y ejecutar modelos de IA se parecen cada vez menos, desde el punto de vista eléctrico, a la imagen tradicional de una sala llena de servidores.

Se parecen más a grandes instalaciones industriales.

Interface estima que la potencia de los mayores clústeres de IA ha pasado de unos 13 MW en 2019 a alrededor de 280–300 MW en el caso de Colossus, de xAI, en 2025. Es una estimación, no una lectura de consumo anual, y Colossus está en Estados Unidos. Pero permite entender la escala hacia la que se mueve esta infraestructura.

Conseguir 300 MW no consiste simplemente en comprar más electricidad.

Alguien tiene que poder entregarlos.

Eso puede exigir reforzar líneas de alta tensión, ampliar subestaciones, instalar transformadores o modificar una red que ya debe absorber otras demandas de electrificación.

Subestación eléctrica con equipos de alta tensión y líneas de conexión.
Enric Cruz López / Pexels

El problema no es que cada consulta a un chatbot amenace el suministro de una ciudad. Esa imagen confunde escalas.

El problema aparece cuando numerosos proyectos de gran tamaño solicitan conexiones muy concentradas y pretenden crecer más rápido que la infraestructura eléctrica necesaria para alimentarlos.

Dublín ya ha vivido una versión de esta historia

Pocas ciudades muestran mejor esa tensión que Dublín.

Durante varios años, las restricciones de la red llevaron a hablar de una moratoria de facto sobre nuevas conexiones de centros de datos en el área metropolitana.

La situación ha cambiado.

En diciembre de 2025, el regulador energético irlandés abrió de nuevo una vía para nuevas conexiones, pero bajo condiciones más exigentes. En 2024, los centros de datos representaban ya el 22% del consumo eléctrico de Irlanda. Las nuevas instalaciones deben aportar, entre otras condiciones, generación y/o almacenamiento capaz de responder a la capacidad máxima de importación solicitada.

La historia ya no es una prohibición.

Es que la red empieza a modificar las condiciones bajo las cuales acepta esta nueva demanda.

Lo que podía tratarse principalmente como una decisión inmobiliaria —encontrar suelo, fibra y permisos— pasa a ser también una decisión energética.

Tener dinero tampoco garantiza tener megavatios

La electricidad interviene además por otra vía: el precio.

En abril de 2026, OpenAI puso en pausa Stargate UK, su proyecto de infraestructura británica anunciado meses antes. La compañía señaló que seguiría explorándolo y que avanzaría cuando condiciones como la regulación y el coste de la energía permitieran una inversión de largo plazo.

Eso no demuestra que Europa sea incapaz de albergar grandes instalaciones de IA ni que la electricidad fuese la única causa de la decisión.

Sí rompe una intuición importante.

En esta carrera, disponer de miles de millones no elimina todos los cuellos de botella.

Europa quiere acelerar una infraestructura que no puede construirse a velocidad de software

La paradoja resulta especialmente visible en la Unión Europea.

Europa quiere disponer de más capacidad propia de computación y aspira a al menos triplicar la capacidad de sus centros de datos en los próximos cinco a siete años. En junio de 2026, la Comisión presentó la propuesta de Cloud and AI Development Act y una hoja de ruta para integrar los centros de datos en el sistema energético.

No es todavía un reglamento aprobado para triplicar capacidad.

Pero ambas iniciativas reconocen el mismo problema: política digital y política eléctrica ya no pueden diseñarse por separado.

Europa quiere más IA, más electrificación industrial y más generación renovable.

Todas esas transformaciones necesitan red.

Y la red conserva una característica incómoda para una industria acostumbrada a iterar software cada pocas semanas: se construye a la velocidad de las infraestructuras físicas.

Hay distintas formas de aliviar la tensión.

  • Reforzar la red.
  • Ubicar centros donde exista capacidad disponible.
  • Incorporar almacenamiento o generación.
  • Hacer más flexible parte de la carga computacional.
  • Mejorar la eficiencia de chips, servidores y modelos.

La eficiencia, de hecho, avanza rápidamente.

Pero ser capaz de realizar una tarea de IA con menos energía no garantiza que el consumo total disminuya si al mismo tiempo crece mucho más la cantidad de computación.

El cuello de botella está cambiando de sitio

Nada de esto implica un colapso eléctrico europeo.

Tampoco permite afirmar que la red vaya a frenar necesariamente el desarrollo de la inteligencia artificial.

Sí permite decir algo más concreto: la capacidad de computación ya no puede crecer suponiendo que la electricidad y la conexión estarán disponibles automáticamente donde quiera instalarse.

Durante años, una parte del poder en IA podía medirse contando chips.

Ahora empieza a medirse también en megavatios, subestaciones y años de espera.

La carrera no deja de ser tecnológica. Pero una parte creciente de ella ocurre fuera del centro de datos.

El siguiente gran modelo todavía puede escribirse en código.

Para ejecutarlo a escala, alguien tendrá que conseguir que una infraestructura mucho más lenta llegue a tiempo.

Sigue el hilo.

Cada semana conectamos historias que, vistas juntas, ayudan a entender mejor cómo está cambiando nuestra manera de vivir.

No hemos podido procesar tu solicitud. Inténtalo de nuevo en unos minutos.
Revisa tu correo. Te hemos enviado un enlace para confirmar tu suscripción a WHAT FOLLOWS.